viernes, 4 de diciembre de 2009

BAILE AL BAILE DEL CAÑO

Aveces me sorprendo de la chavacanería. Nalgas, histeriqueos, peleas, erotismo sin arte, poca cratividad... todo esto, en post del raiting maldito... que hace, que en muchos casos, se coloque al espectador en un plano de subestimación...
Será que nos creen moscas, que buscamos mierda para consumir...
O la fulgurante frase "si dos millones de moscas comen caca... por algo ha de ser"

El baile del caño, es un arte que comenzó en los espectáculos nocturnos de cabarets y wisquerías... Algunas de las bailarinas, comenzaron a especializarse en este tipo de danza que combina la fuerza, el estilo, el erotismo, la danza...

Así como el tango, el cuarteto, la cumbia, el rock y muchas de las músicas clásicas, comenzaron desde puntos marginales, olvidados, oscuros, clandestinos para luego crecer en profundidad de estudio, ejecución, maestría, buen gusto... Me sorprende como cordobés, poder disfrutar de un crecimiento musical del cuarteto como música popular proveniente de las raíces mismas de mi Córdoba querida. Ellos entregan calidad de musicalización, gran habilidad de ejecución y, en casi todos los casos, maestría en la vocalización.

Hoy me llegó por correo electrónico una baile del caño... un Tango... quiero compartirlo... me dejó sin palabras y pensando mucho acerca de los medios de comunicación y lo que nos entregan diariamente. Me sentí bastardeado por los medios que creen que somos burdos, inconscientes, burros, incapaces de ver y disfrutar con la belleza... Que buscan facturar con poca inversión y poco de imaginación.

Hay muchos otros ejemplos.


viernes, 16 de octubre de 2009

Wiebe Bijker: "La tecnología tiene que encajar en la sociedad"

De paso por Buenos Aires, uno de los fundadores de la nueva sociología de la tecnología, el holandés Wiebe Bijker, habló con Ñ sobre esta disciplina que impulsa la participación ciudadana en el debate sobre el desarrollo tecnológico. "No se pueden reducir las decisiones a científicos y políticos", sostiene. A lgunos colegas dicen que sigo siendo un ingeniero por mi forma de abordar los problemas y que simplemente cambié mi objeto", sostiene Wie­be Bijker (58), considerado uno de los fundadores de la nueva Socio­logía de la Tecnología, con respec­to a la herencia de su formación previa. El investigador holandés, director del Departamento de Ciencias Sociales y Tecnología en la Facultad de Artes y Cultura de la Universidad de Maastricht y teó­rico de una disciplina enfocada en cómo la sociedad y la tecnología se moldean mutuamente, estuvo por primera vez en Buenos Aires para la Primera Jornada Internacional de Estudios sobre Tecnología y So­ciedad, organizada por el Instituto de Estudios sobre la Ciencia de la Universidad de Quilmes. Bijker, que toca el clarinete en una orquesta de vientos y que como buen holandés suele salir a navegar –tiene una pequeña em­barcación de 1936–, ha desme­nuzado desde la perspectiva del constructivismo social el desarro­llo de tecnologías que van desde la bicicleta y el plástico conocido co­mo baquelita hasta aspectos más amplios, como sistemas de irriga­ción en India y el rol de grupos de mujeres en el sistema público de viviendas en Holanda. En los últimos años, Bijker amplió el espectro de sus intere­ses y se involucró en comités de asesoramiento al gobierno en tó­picos como biotecnología y nano­tecnología. Este mes, el investiga­dor publicó La paradoja de la au­toridad científica (MIT Press, en inglés), donde analiza la pérdida de influencia de los científicos y la vigencia de ciertas instituciones académicas, a la vez que propone nuevas alternativas para democra­tizar las decisiones sobre ciencia y tecnología.

-Usted ha criticado que los in­vestigadores en ciencias socia­les no intenten que sus trabajos se traduzcan en políticas. A la vez, ha dicho que se sentía segu­ro trabajando en la universidad y que cuando salió de allí las cosas se volvieron muy diferentes, que debió "ensuciarse las manos" y que por eso ha recibido críticas de colegas. ¿Sigue pensando que vale la pena hacerlo?

-Creo que hay que intentar in­volucrarse más allá del paper . Es claro que muchos científicos se volverían extremadamente infe­lices si tuvieran que interactuar con políticos o participar de comi­tés o asesorías. Y está bien, que se queden entonces en la biblioteca, detrás del escritorio y de la compu­tadora. Pero creo que los grupos de investigación deberían intentar abarcar todo el espectro de activi­dades. Eso incluye tratar de re­solver problemas de la sociedad y relacionarse de alguna forma con la política. En mi caso particular, tuve que tomar conciencia de que habrá colegas que se mostrarán críticos frente a lo que hago fuera de la universidad. Si me involucro con el gobierno holandés, si parti­cipo de un comité de nanotecno­logía, tengo que ensuciarme las manos, pero no estamos hablan­do de mentir, sino en el sentido de que tengo que saltear las notas al pie de mis textos y formular las cosas en términos que los políticos y quienes no son especialistas en nanotecnología puedan compren­der. Cuando vuelvo a la universi­dad y hago alguna presentación, aparecen quienes me dicen "¡Có­mo justamente vos podés haber sido capaz de decir eso!". Es como si estuviera bajo un monitoreo de mis colegas, pero es un precio que vale la pena pagar. – –

para ver el articulo completo ingresá a la revista Ñ
http://www.servicios.clarin.com/notas/jsp/enie/v1/notas/imprimir.jsp?pagid=2019450

sábado, 19 de septiembre de 2009

PALABRAS DE ALEJANDRO

"Poner a los alumnos en situaciones en las que tengan que resolver problemas sociotécnicos no sólo desencadena conflictos cognitivos para promover aprendizajes conceptuales, además representa una excelente oportunidad para enseñarles a pensar estratégicamente. Sin embargo, el pensamiento organizado y controlado no surge espontáneamente..."
(Alejandro Toso, 2006)

miércoles, 9 de septiembre de 2009

¿Qué haremos con tanta leche derramada?



La solidaridad… vivimos en un país que es tan poco solidario que a veces me da pena, dolor, tristeza, desazón, sosiego. No entiendo, a pesar de mi esfuerzo por entender, algunas cosas que suceden.
Me atreví a pensar un paso más allá respecto de los acontecimientos que ocurrieron en éste último año de conflicto con la gente del campo.
Todos conocemos ya lo que se ha dicho, se dice y se dirá… “la soberbia de la presidenta”, “los trabajadores del campo”, “la leche derramada”, “los que corrían tras las góndolas a buscar la última bandeja de bife para meter en el freezer y acopiar”, “las violentas rastras en los caminos”, “las adhesiones del pueblo a su campo”, “los aplausos en las rutas”… todo eso… y además el miedo. El miedo a las palabras vehementes y el miedo a las palabras no dichas y el miedo a los signos y símbolos, el miedo a la incongruencia entre lo que se dice y se hace, miedo a la democracia, miedo a perder lo propio.
Y me pregunté cosas, me pregunté sobre la violencia, la fuerza, la pasión, la entrega, la lucha… Pensé en quienes se entregan a la lucha… y recordé el cacerolazo a “de la Rua”, en ese episodio histórico que terminó con el helicóptero. El colectivo de la clase media protestó, salió a la calle y hasta derrocó un presidente porque le tocaron SU propiedad privada, SU “quintita”, SU plata, SU futuro.

Parece que poco aprendemos, ya que ahora vuelve a suceder, el tema hoy es que la “quintita” tiene varias hectáreas y tenemos grandes hectáreas de cacerolazos por doquier, tractorazos, piquetes y en las rutas grandes máquinas que detienen a poderosos camiones que llevan alimentos, y en realidad un conflicto que no ayuda a nadie. Todos perdemos.
Nada tengo en contra de esta protesta en particular. Creo que es legítima en sus razones, en sus argumentos, en sus implicancias políticas, etc, pero quiero dar un paso más adelante en la reflexión, como si sacáramos la cabeza sobre la superficie del agua embarrada.

¿Alguna vez los argentinos podremos utilizar la vehemencia, la fuerza, las ganas, la pasión, la entrega que se han visto en todo un año de protestas, en defensa de algún valor colectivo, social, comunitario, fundamental? Hablo de realmente colectivo, no lo “gremialmente colectivo”, digo “colectivo colectivo”.

Las marchas y protestas están protagonizadas sólo por los directamente damnificados. El general de la población no se compromete.
Nadie salió con cacerolazos cuando se estaba destruyendo la educación pública y resulta que la educación de un país es nada más y nada menos que el futuro de todos.
Nadie sale con cacerolazos para exigir una salud pública de calidad.
Nadie sale con cacerolazos para pedir justicia y seguridad para todos.
Nadie sale con cacerolazos para que exista un proyecto de país para lograr el futuro que queremos, que amamos.
Nadie sale con cacerolazos para defender la cultura, la ciencia, los artistas, los científicos, los maestros, los médicos, los jubilados, y todos los sectores más desprotegidos de nuestra sociedad.

Nadie mira al costado, al próximo.

Nadie salió a cortar rutas para que el presupuesto educativo sea más alto, sobretodo el de la escuela pública, que es un bien, patrimonio y derecho de todos los argentinos y a la que asisten la mayoría de nuestros hijos, amigos, nietos, sobrinos, ahijados, amiguitos… la educación.

Nadie salió con cacerolas para defender los hospitales que se caen a pedazos. Allí está la salud de nuestro pueblo, de nuestro futuro, de nuestras generaciones venideras. La salud es un bien, un patrimonio y un derecho de todos los argentinos.

Nadie sale con cacerolas para que la justicia sea más expeditiva y menos burocrática, pero todos decimos… “justicia lenta ya no es justicia”. O para que haya mayor justicia social, que todos podamos vivir mejor… Aunque la justicia es un bien, un patrimonio y un derecho de todos los argentinos. O sí salen algunos, por intereses individuales y dolores particulares.

Nadie sale a la calle con sus cacerolas para que nuestra policía, que debe cuidarnos, tenga una mejor capacitación, instrucción, educación, etc como se merecen, para que nos cuiden mejor. Y la seguridad es un derecho de todos.

Nadie sale a la calle con sus cacerolas para defender el futuro, lo colectivo colectivo, la cultura, los niños…

¿Será que la enfermedad de la década del 90, que exterminó lo público a favor de las privatizaciones, nos ha dejado una marca imborrable que nos hace seguir mirando el ombligo, pensando y actuando sólo frente a nuestros propios problemas? ¿Será que si cada uno está bien, tiene su policía privado, su salud privatizada, su escuela privada, su barrio privado, su propiedad privada, no se moviliza para nada y que el de al lado se joda, se muera, se empobrezca, se vaya a la mierda? En consecuencia estamos así nosotros y nuestra cultura: absolutamente privatizados y privados de libertad general, de justicia social, de educación pública, de salud pública, que son bienes, derechos y patrimonio de todos.

¿Qué vamos a hacer con tanta buena leche derramada?
Porque de tonto sería afirmar que todas las protestas y salidas a las calles han sido incorrectas… por el contrario… han sido “atomizadamente” buenas, dispersas, unilaterales.

¡Qué síndrome tan patético es el que tenemos!
Síndrome de la anteojera que nos veda la mirada más allá de los límites de “nuestro propio” sentimiento.
Síndrome de no importarnos lo que les pase a “todos los otros” si estamos individualmente tranquilos.
Síndrome del sálvese quien pueda, solito y solo…
Síndrome de observar el mero aquí y ahora, nunca levantar la cabeza al futuro.

¿Qué vamos a hacer con tanta buena leche derramada?

martes, 1 de septiembre de 2009

Educación Tecnológica en la formación de los futuros docentes



Nunca se pensó y se produjo tanto como lo hacen la investigación y la cultura técnica contemporáneas. Sin embargo, en nuestro país, aún estamos discutiendo de qué manera incorporar tan voluptuosa creación a nuestros estudios. Se duda y se pregunta acerca de la necesidad en la formación básica de una realidad tan inherente al hombre mismo: “el propio mundo que él ha creado, recrea, influencia y lo determina”.

Sin duda, todo esto es una paradoja de nuestra cultura. En este momento, la educación tecnológica básica tiene su espacio poco definido y las dudas de su implementación son muchas. Sin embargo es aquí donde, sin duda, se juega verdaderamente la reforma educativa en su espíritu y en su realidad.

Si no somos capaces de conquistar la cultura tecnológica de base, si no la hacemos patrimonio de todos, ¿qué tipo de país y de ciudadano esperamos?, ¿qué clases de conocimientos les brindaremos para incorporarse a la vida?. ¿En homenaje al pasado, escamotearemos el siglo XXI?

Hasta ahora, hablar de educación tecnológica es hacer referencia a cosas diversas. En la EGB, por ejemplo, significa realizar trabajos manuales, anudar macramé o modelar plástilina. En la secundaria y superior consiste en un "vale todo”, en la formación profesional implica un conjunto de técnicas específicas, habilidosas y repetitivas. Sin duda, no existe en la formación básica otra asignatura en la que la actividad tecnológica se entienda como un hecho cultural integrado.

Un primer peligro consiste en considerar la educación tecnológica como una clase de trabajos manuales, más o menos sofisticados. Esto tiende a descalificar a la asignatura. La manipulación de materiales y herramientas son parte de ella, pero no su razón de ser. Un enfoque como éste hará que la educación tecnológica devenga en una disciplina en la que prevalece el hacer sobre el pensar.

La educación tecnológica no puede confundirse tampoco con la expresión artística, si bien contiene nociones de diseño, así como del buen uso de los materiales y de la elegancia de las formas. La estética es parte del objeto moderno, pero más que en esto, la asignatura que defendemos pone el énfasis en la comprensión del funcionamiento del mismo, en la conquista de su propia lógica interior y el encuentro con la mente de su inventor y desarrollador.

Finalmente, debemos recalcar que la educación tecnológica no debe reducirse a la informática y a las nuevas tecnologías, aunque éstas tengan en ella una presencia importante. Este es un peligro que deviene del impacto de la moda. ¿Acaso es posible enseñar en ciencias naturales sólo la "nueva biología"?.

Para hacerlo necesitamos todo esto:

  • Entender la necesidad política de la educación tecnológica, con un marco propio, cultural, específico y autónomo.
  • Proponer una sistemática del conocimiento.
  • Generar un marco de rigor compatible con la etapa evolutiva de los alumnos. (En educación tecnológica se vendrá a hacer y a pensar)
  • Diseñar esta asignatura como parte de la formación básica, pero tan seductora que permita potenciar vocaciones. Esto significa sumar a la escuela un ámbito para la sabiduría y la autonomía.


No se puede clausurar la escuela a la cultura de hoy.

Gabriel Ulloque


Basado en Artículo de Eduardo Averbuj

“Ed Tecnológica, si gracias”